| PROHIBIDO AMARTE: “ENTRE JUECES Y VERDUGOS” |
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| Jul 21, 2010 at 10:55 PM | |
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Si bien es cierto los escándalos de romances políticos abundan, también es cierto que muchas veces las relaciones entre un político y una bella mujer son terriblemente censuradas. A que se puede deber ese morbo malsano que pareciera ser como un céfiro permanente en las vidas de quienes desde el momento que mantienen una relación sentimental, pasan a lo que pareciera ser el banquillo de los acusados. Recuerdan cuando todos criticaban la relación de John Kennedy Jr. Y la guapísima rubia actriz Daryl Hannah, luego en su momento el tan sonado romance entre la hermosa Carla Bruni con Sarkozy, actualmente Primera Dama de Francia. Hoy el centro de atención se dirige a la atractiva actriz, Angélica Rivera y su novio el Gobernador del Estado de México Enrique Peña Nieto, quien es uno de los favoritos candidatos para las elecciones presidenciales de México del 2012. ¿Será solo coincidencia que estos caballeros ligados sentimentalmente a mujeres espectaculares despiertan un resentimiento que consume? O es que son víctimas de sus antecesores que de alguna forma convirtieran el sublime acto de enamorarse, de amar, en el fruto prohibido que hoy pareciera ser el predilecto en la mesa política. Es muy fácil para todos aquellos que miran de afuera, criticar y juzgar a sus políticos y los de fuera. Es casi como un juego macabro, donde buscan destruir despiadadamente cualquier posibilidad, para evitar que la relación florezca al lado del gobernante o futuro gobernante de moda. La prensa se convierte en sus Jueces y Verdugos, dedicándose con una sed implacable a escudriñar a todo aquel que pueda presentar algún tipo de amenaza para los contrincantes que gustosos deciden pasar dinero por debajo la mesa, y así conseguir que algunos periodistas se conviertan en sus Rottweilers a sueldo. Llegando en algunos casos hasta a inventar situaciones, con la sola finalidad de “eliminar”, al que se pueda percibir como un estorbo político. Y no faltan las personas, parcializadas por las notas de prensa engañosas, lamentablemente muchas veces féminas desequilibradas, que empiezan a destilar veneno, sin tener vela en el entierro, o peor aún, creyéndose tenerla. Acá no estamos hablando del romance prohibido, del descaro de humillar a sus esposas, las Primeras Damas de un país, al tener que pasar por la degradación de soportar una infidelidad ante el mundo entero. Y digo el mundo entero, porque cuando ha sucedido un “desliz” presidencial, la noticia ha dado la vuelta al mundo. Y uno se pregunta, ¿porque estos insensatos, luego de la acción deshonrosa cometida, ahondan más en la herida, pidiendo u obligando a sus esposas a pararse estoicas a su lado como señal de apoyo incondicional? Y lo peor es que estas Damas, asumen la posición y se dejan desnudar del privilegio invaluable de su dignidad de mujer. No es posible que asuman el rol de mujeres patéticas, cuando en lugar de pararse al lado de sus infieles maridos, deberían dejarlos que solos den la cara y demuestren que tan hombres pueden ser. ¿O es que acaso cuando estaban con la otra… les pedían su apoyo moral? Tal vez, sean esos casos los que ahora sientan el precedente, donde a todo dirigente que se involucra sentimentalmente con alguna mujer, más aun si es bella, y aunque no esté de por medio el engaño, ni la destrucción de un hogar, sea lo que hace que los pongan bajo la lupa y los hostiguen insaciablemente. Pareciera como si por el hecho de poner los ojos en un político, la mujer inmediatamente recibiera la orden de: “Prohibido Amarte”. ¿Es que acaso no saben diferenciar entre el político infiel y el político verdaderamente enamorado? No considero necesario aclarar entre el hombre casado y el soltero con la amplia libertad de escoger a la pareja de su elección. Todos tienen derecho a vivir un idilio, sin por ello tener que someterse a las críticas de en su mayoría, mujeres sin autoestima, resentidas y malsanas, capaces de inventar cualquier desatino. Al igual que a estos Jueces y Verdugos que abundan y que se han auto titulado como tales, creyéndose con licencia para irrumpir en la privacidad y a la que todo ciudadano, político o no, tiene derecho a amar sin intromisiones. |


